5 abril, 2020

Un gran invento… por casualidad

 
Clac, clac, clac… clac ¡Trrraclaclaclaclac! Es probable que el planeta se haya salvado varias veces gracias a un sonido como el que pretendemos reproducir con la onomatopeya que abre este artículo. Y es que son muy pocos los que no se relajan haciendo estallar las burbujas del plástico de burbujas.

Imagínate, en tiempos de la Guerra Fría (si eres lo bastante joven como para no recordarla ni haber visto películas sobre ella, échale un vistazo a la Wikipedia), a Eisenhower con un papel de burbujas en la mano, clac, clac,… “¿Que Khrushchev ha dicho qué?”… Claca-clac-claca… “Espérate a que acabe con este plástico, que verás cómo aprieto el botón rojo. De hoy no pasa”…

Y, claro, entre burbujas, clacs y estallidos, evitamos que se presionen botones rojos, ataques y contraataques. Si es que deberían canonizar a Marc Chavannes y Al Fielding, que inventaron esta maravilla allá por 1957. Claro que no tenían muy claro qué era lo que estaban inventando, pero eso es lo de menos:

Los diferentes usos hasta que el papel de burbujas llegó a ser lo que es

La idea era sacar al mercado un plástico para empapelar las paredes (deberíamos decir “plastificar” las paredes), pero la propuesta de los dos ingenieros de Nueva Jersey no acaba de cuajar entre los consumidores, de modo que trataron de reciclarlo como aislante para invernaderos… Y tampoco funcionó.

La idea buena nació cuando, en un viaje en avión, Chavannes tuvo la sensación, durante el aterrizaje, de que las nubes amortiguaban o servían de colchón para el aparato. El caso es que relacionó mentalmente la idea con el hecho de que las burbujas de su invento estaban rellenas de aire y que supondrían un colchón excelente para cualquier objeto que se embalara con él.

Acababa de germinar la Sealed Air Corporation que, por cierto, factura a día de hoy unos 4.000 millones de dólares al año.

Un elemento imprescindible

Pero, más allá de la anécdota, el papel de burbujas se ha convertido en uno de los elementos que podemos calificar de imprescindibles para cualquier empresa que deba enviar o recibir cualquier objeto susceptible de dañarse. Es difícil concebir determinados envíos se no van envueltos en este elemento que, por otra parte, podemos conseguir de forma sencilla y económica.

Porque, a poco que nos paremos a pensarlo, encontraremos que proteger un paquete con papel de burbujas para tiendas no es nada caro. Un rollo de cien metros de largo por cincuenta centímetros de largo cuesta 19 euros más IVA.

Vamos a suponer que el tamaño de nuestros productos es mediano, de modo que nos gastaremos setenta y cinco centímetros del rollo por cada paquete. De esta forma, un plástico nos permite envolver 133 paquetes. En cada envío nos gastaremos como 17 céntimos en papel de burbujas. Si no parece caro es porque no lo es.

Ganancia en imagen

Además, aparte de ganar en seguridad, una empresa se la juega en cuanto a la imagen que los clientes perciben de ella. Y una parte importante de esa visión proviene de la logística y la forma en la que se trata esta.

No es solo que pueda llegar un paquete en mal estado (que también), sino la mala impresión que puede transmitir que el cliente reciba un envío y que, al agitar el paquete, el contenido “baile” dentro. Para evitarlo existen varias fórmulas, además de consabido plástico con ampollas llenas de aire.

Soluciones diferentes, asequibles y accesibles

Ejemplos de los materiales que pueden evitar roturas o choques contra las paredes de la caja son, aparte del film, el plástico o el papel de burbujas, la espuma de polietileno, o los diferentes materiales de relleno con los que se puede rodear, una vez dentro de la caja, el objeto del envío.

Hablábamos unos párrafos atrás de la facilidad con la que se pueden obtener estos materiales: basta con entrar en un tienda dedicada a la venta de materiales para empresas o tiendas o, en caso de que no conozcas o tengas a mano ninguna, hacer uso de las ventajas que nos permite Internet.

Cómo hacer las cosas fáciles gracias a Internet

De esta forma, elegimos, por ejemplo, Retif, marca líder en el sector. Entramos en su página web y buscamos entre las diferentes secciones la que nos interesa, en este caso la que se refiere a embalaje industrial y protectores de mercancía. Hecho esto, elegimos el producto más adecuado a lo que necesitamos (no vamos a concretar cuál: tú sabrás qué vendes y cuál de las varias que te ofrecen es la mejor opción).

Ya hemos terminado con la parte difícil. Ahora es cuestión de hacer y formalizar el pedido, que nos llegará a donde indiquemos en un plazo de va de las 24 a las 72 horas y lo hará con todas las garantías, tanto en la entrega como de calidad del producto. Por lo que respecta a la forma de pago, son varias las posibilidades, para una mayor comodidad del cliente.

Que no hay excusa, queremos decir, para que quien compra y recibe un paquete deje de hacerlo en las mejores condiciones de seguridad y cuidado para el pedido.